25 12 / 2012

Vete, final y conclusiones

Tras la sorpresa inicial de ayer, en donde la primera seleccionada (que en principio era la única) muy amablemente declinó mi invitación a pagarle su billete a Santiago de Chile, y tras el segundo y no previsto sorteo que dio como resultado a una segunda seleccionada que –ahora viene lo bueno- muy amablemente también rechazó mi oferta,  decidí tomarme todo el día de hoy para reflexionar bien cómo debía finalizar este experimento.

Observación:

Como todo experimento, “Vete” nace de una observación, por otra parte obvia y a la vista del más miope (o al menos me lo parece a mí), y es la siguiente: 

Hay mucha gente en España que dice que está harta y que si pudiera se iría porque no hay nada que le ate a quedarse”.

Hipótesis:

Hoy, todavía 25 de Diciembre, es el día en que para mí y para todos los que habéis seguido “Vete”, tocaba anunciar a la persona que se iba y rebatía así la hipótesis de la cual parte este experimento y que es la siguiente:

La gente habla mucho pero hace poco”.

Experimentación:

A partir de esta observación y la consecuente hipótesis nace “Vete”, mi particular experimento en forma de invitación dirigida única y específicamente a todas esas personas que dicen que se irían porque no hay nada que les ate, pero no lo hacen. 

A todas ellas iba dedicada mi propuesta: una llamada a ser coherentes entre lo que se dice (“me quiero ir porque no estoy harto y no me ata nada aquí”) y lo que se hace (aquí no se va ni Dios). La intención era clara: si te quieres ir, no lo digas tanto y Vete, que #Yotepagoelbillete

También quedó claro, o me lo parece a mí, el compromiso que asumí al plantear “Vete”: pagarle un (único) billete para una (única) persona elegida mediante un (único) sorteo, con la esperanza de que quien saliese elegido, cumpliese su parte (únicamente irse) para yo cumplir la mía (únicamente pagarle el billete), rebatiendo así la hipótesis de la que parte este experimento: que la gente habla mucho pero hace poco. 

A cambio, 3 únicas condiciones muy claras, por lo que si esta propuesta no le encajaba a alguien tal y como estaba planteada, de entrada me parece ilógico que alguien pierda su tiempo apuntándose a algo que no le encaja.

Hasta aquí todo bien, porque la teoría era clara hasta que la cosa se pone en práctica y pasa lo siguiente:

Conforme se acercaba la fecha para decidir quién se iba, y de los más de 700 mails que llevaba recibidos hasta entonces, poco más de 100 personas eran las que realmente decían que estaban dispuestas a irse. Y digo que realmente estaban dispuestas a irse, porque conforme se acercaba la fecha, a esa gente la fui incluyendo en mi “lista de personas que realmente están dispuestas a irse” no sin antes pedirles que me reconfirmaran su intención y que estaban totalmente de acuerdo con las 3 condiciones que planteaba.

Resultados:

Llegó el 24 de Diciembre o el día de elegir quién se iba mediante el sorteo que había prometido. Así lo hice y salió Laura, una chica de Madrid de 28 años que (parecía que) estaba muy decidida a irse a Santiago de Chile. Así pues, muy emocionado, le escribí para comunicarle la Buena Nueva y horas más tarde, en mi madrugada del 25, recibí su e-mail de respuesta contándome entre otras cosas que:

"Mi intención de abandonar este país, es poder ejercer mi profesión de arquitecto,  y según me acaban de decir compañeros que están trabajando allí, que no se me ocurra irme sin convalidar el titulo….(…) Se que desde que te escribí el primer mail diciendo que quería irme, aceptaba esas tres condiciones que decías… (…), y con todo el dolor y pena, me siento en la obligación de decirte que des la oportunidad a otro, deseando que lo pueda aprovechar como quisiera haberlo hecho yo.

WTF. Una bofetada express en forma de respuesta me sacaba de mi Nochebuena y me devolvía a la realidad. No podía ser que de todas esas personas que decían realmente que se iba, la que salió ganadora no se fuera. Así que a pesar de que las normas de mi experimento eran claras (un boleto, una persona, un sorteo) decidí tragarme la coherencia, hacer una excepción y volver a realizar un segundo sorteo, tal y como me propuso Laura.

Y así lo hice: realicé un segundo sorteo no previsto, del que salió una segunda persona no prevista de entre esa "lista de gente que un día dijo que se iba y se fue"Isabella, barcelonesa que también dijo que realmente estaba dispuesta a irse a su destino, Toronto. Esta vez, decidí anunciarla directamente en este mismo Tumblr, para que fuese ella la que se pusiera en contacto conmigo.

Era cuestión de horas (o eso pensaba yo) que me escribiese para decirme que sí, que se iba. Tanto es así que esta mañana cuando me llamaron de Cadena Ser, así les contaba (minuto 47) quién era y cuál era el destino de esta imprevista y segunda persona seleccionada.

Y sí, esta mañana recibí su respuesta. En mi bandeja de entrada me aguardaba un mail de buenos días, en el que muy amablemente se me decía que había hablado con la editora de una de las revistas para las que colaboraba como freelance, y que al contarle que yo la había contactado por segunda vez para ver si realmente estaba dispuesta a irse, le asignaron unos encargos ”(…) Me han dado trabajo! No es trabajo fijo pero me han asegurado unos cuantos “assignments” de fotografía que no tenía ni idea que me aguardaban (…)”.

Total, que también declinaba mi oferta.

Llegados a este punto, entiendo los motivos de ambas personas pero debo decir que me siento muy decepcionado por el resultado de este experimento. Porque sí, no me puedo creer que dos de dos personas (cuando en principio sólo era una) a las que se les da la oportunidad de irse (cuando en principio sólo era un sorteo), partiendo del hecho que ellas mismas aseguraron por dos veces que realmente se iban, finalmente no lo hagan.

Que la realidad nos ofrece historias hiperauténticas que superan la ficción es un hecho y éste es todo un ejemplo: el final feliz y esperado (que alguien que dijo que se iba se fuera con el billete que yo le pagaba) nunca llegó. 

Sin embargo, ocurre una paradoja interesante: aunque las dos personas elegidas declinaron mi proposición, ha sido muchísima la gente que durante estos días se ha puesto en contacto conmigo para decirme que independientemente de cómo acabara el experimento, “Vete” ha conseguido darles ese empujón que les faltaba y les ha servido de inspiración. Me quedo con eso, y con toda la gente que de manera imprevista y voluntaria, hicieron que “Vete” se convirtiera en toda una (potencial) cadena de favores.

Conclusión:

En definitiva, la hipótesis de la que partía “Vete” muy a mi pesar no se rebatió nunca. Sin embargo, como en todo experimento que se precie siempre se comprueba algo: si la premisa de la cual se parte es correcta o no. Y en este caso, la conclusión a la que puedo llegar después de mi observación, experimento y en base a lo ocurrido, es la reafirmación de la hipótesis inicial:

 ”La gente habla mucho pero hace poco”.

Segunda conclusión: es obvio también que este experimento está hecho sobre una muestra muy pequeña, y por lo tanto el resultado no se puede extrapolar ni tan siquiera al resto de personas que me escribieron para decirme que estaban dispuestas a irse, ya que probablemente no sería justo. Sólo digo que en base a lo ocurrido, sí me parece significativo que de dos personas que decía que estaban dispuestísimas a irse no se vaya ninguna, lo cual tristemente y en este caso reafirma la hipótesis inicial.

Tercera conclusión: es más rápido Hacer que Decir. Si alguna de las dos personas se hubiera ido, este post hubiese sido muuucho más corto.

Cuarta (actualizado): a pesar del resultado, creo que el mensaje de positivismo prevalece en función de la gran cantidad de mensajes y muestras de apoyo que me han llegado hacia la propuesta y del gran interés que ésta ha despertado. Durante el tiempo que duró el experimento, éste se convirtió en algo que de alguna manera sentimos que era de todos.

Aprendizaje: 

La coherencia tiene un precio que visto lo visto es mucho más caro que los 1.400 euros que estaba dispuesto a pagar para el billete a Santiago de Chile, o de los 1.100 que costaba el billete a Toronto. 

Puedes ser coherente haciendo algo para darle un empujón a alguien que se quiere ir, pero no puedes hacer nada, ni siquiera pagarle un billete, a alguien que dice que se va pero no se va. 

Que la primera y originalmente única persona que iba a ser seleccionada no haya aprovechado la oportunidad es una putada. Que en un segundo sorteo no previsto, salga una segunda persona no prevista que tampoco esté dispuesta a irse aún habiendo dicho que se iba, es una putada bastante imprevista. O no. Tal vez como se comentó en mi intervención en Hoy por Hoy de Cadena Ser esta madrugada, el que no se vaya nadie no es más que un reflejo de cómo somos en el fondo los españoles  o un reflejo de cómo somos en el fondo los españoles: nos quejamos mucho pero en general hacemos poco para dejar de quejarnos. 

Sin entrar en más valoraciones, sí me queda clara una cosa: que ambas personas no aprovechen el billete también es parte del experimento y de las enseñanzas que me deja.

Y sí, habrá quien diga que lo que tocaba era seguir sorteando una vez tras otra el billete hasta el infinito para encontrar a alguien que realmente estuviera dispuesto a irse, pero a mí me parece que hubiera sido pervertir el propósito de “Vete”, pues esto no consistía en encontrar a la única persona en España que esté dispuesta a irse (que seguro que hay muchas) sino como ya he explicado en este post taaaaan largo, en ver si quien decía que se iba si le tocaba el billete, realmente pasaba del Dicho al Hecho y se iba con mi billete. 

Acabo diciendo que hay dos tipos de personas, yo diría que (casi) siempre, aunque esta vez, las dos se queden.